NidoAzulcrema

Hoy recordaremos un encuentro de penúltima jornada, con un América buscando su pase a la Liguilla.

El 9 de mayo de 2004, en el Estadio Azteca, en duelo del torneo de Clausura, las Águilas de Leo Beenhakker serían protagonistas de una de tantas remontadas en su historia.

Y nuevamente tenían que ir ante la adversidad de la desventaja numérica: el Cuervo Rojas fue expulsado a los 37 minutos de acción, pero la dificultad aumentaba a los 44 minutos, cuando Braulio Luna abrió el marcador para los Rayos.

El segundo tiempo continuaban avasallando los hidrocálidos, y a los 10 minutos, el texano Daniel Demetrio Hernàndez venció al novato Memo Ochoa en un remate dentro del área chica.

Pero América no se rindió y buscó regresar al encuentro rápidamente.

Tenía que aparecer un elemento recordado con dolor por los Rayos: el Misionero Castillo, que al momento de entrar al área, es fauleado por Juan Reynoso y el “Chiquimarco” Rodríguez no dudó en expulsar al peruano.

El penal fue cobrado magistralmente por el de siempre: Cuauhtémoc Blanco Bravo, y al ir por el balón al fondo de la cabaña, el guardameta paraguayo Rubén “la Bomba” Ruiz Díaz agredió a la leyenda Azulcrema llevándose la tarjeta roja a los 62 minutos.

El momento anímico era nuestro, era cuestión de instantes para conseguir la igualada, que llegó a los 70 minutos, cuando Reinaldo Navia sacó un disparó que se estrelló en el poste, el rebote le cayó a Ariel González, que no la desperdició y la mandó guardar.

El Rayo estaba muerto, sería un milagro que salieran con el empate, eso lo tenía que aprovechar nuestro equipo.

Faltaban ocho minutos para el final, el colombiano Frankie Oviedo tomó el balón fuera del área, impactó de derecha, desvió el Chema Higareda, y el esférico quedó lejos del alcance de Adrián Martínez, que había ingresado por el sacrificado Alfredo Moreno, luego de la expulsión de Ruiz Díaz.

La remontada se había consumado, ganamos 3-2 y aseguramos el pase a la fiesta grande, dejando a los necaxistas prácticamente eliminados.